El caso del oso polar y su increíble casa menguante

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Maggie y sus dos hijitosEmpezó a desperezarse como todos los años, a su lado, sus dos retoños de pocos meses de vida… bolas de pelo blanco que se han alimentado de su leche. No puede aguantar más, debe salir de la habitación donde ha estado refugiada del más crudo invierno en los últimos meses… sus fuerzas flaquean, ya no le quedan reservas.  O caza y se alimenta, o morirá. Y con ella, sus dos amados hijos. Ambos machos.

Se decide y sale al exterior. Ander y Bogl, sus dos hijos, tras pasar los efectos de la luz cegadora del sol que nunca han visto, siguen a su madre, jugueteando en el blanco manto que es su casa. Es la primera vez que disfrutan del aire, del frío exterior, del hielo y de la nieve. Su cuerpo está preparado para ello, así que sólo tienen que preocuparse de disfrutar. ¡¡Tienen un patio de juegos enorme!!

Su madre, Maggie, sin embargo, sabe que tiene que caminar muchos kilómetros hasta encontrar algo de comida. Le llevará al menos 3 días al ritmo que Ander y Bogl pueden seguir, y esto, si no surgen complicaciones…

Orgullosa de sus hijos, tras 4 días de dura caminata, parando para amamantarles y descansar, llegan al borde de la capa helada, donde las focas juegan y se alimentan. Es allí donde Maggie encontrará su comida y podrá dar por terminada su obligada dieta invernal.  Sus hijos empezarán a engordar y a prepararse. Aprenderán a cazar y a sobrevivir sólos. Son machos, y deben ser los señores de los hielos del norte.

Osos polares al borde del hielo

Osos polares al borde del hielo

Maggie, con sus dos crias a escasos centímetros, se acerca lentamente al borde del hielo. Atenta a Ander y Bogl, embelesados en ese líquido transparente…  Bogl se adelanta, se resvala y cae al agua.   Maggie, rápidamente, mete una zarpa en el gélido elemento y con un hábil movimiento, devulve a su hijo a su lado, empapado.   Bajo sus pies, el suelo crepita.

Algo anda mal, no es normal. Cientos de veces se ha acercado así al borde. No es normal…  un raja en el hielo se prolonga bajo sus pies hacia el interior. El instinto manda. Mira a sus hijos, que han notado el nerviosismo de su madre y se han acercado a ella.  Echan a correr lo más rápido que sus piernas les permiten hasta unos 200 metros hielo adentro.

Es increíble, pero tal como dejan el borde del hielo a su espalda, se van acercando a otro borde.  Cuando llegan a él, Maggie comprende rápidamente que se ha separado un trozo enorme de hielo.  Se aproxima, levanta su cuello oteando el horizonte.  Sí, allí está su casa…  separándose…  alejándose…

Debe echarse al agua, debe nadar…  o la corriente arrastrará el bloque de hielo donde se han quedado hacia el sur, y no tendrán comida, morirán, los tres.

No. No puede echarse al agua y nadar, no sin sus hijos. Aun no tienen fuerza suficiente ni una capa asilante de grasa suficiente.  Apenas hace unos días que han visto la luz del sol…

Su mente se bloquea, no sabe lo que hacer.  El instinto materno en ocasiones es más fuerte que el de supervivencia… son sus hijos…   si se queda con ellos, morirán los tres, si se lanza al agua, ella sóla se salvará.

mamá osa polar, sóla...

mamá osa polar, sóla...

Vuelve a otear el horizonte. El perfil del borde del hielo casi se pierde ya en la lejanía.  Ella puede llegar, lo sabe. Es una gran nadadora y su pelo y la fina capa de grasa que aun guarda la protegerán.

 

Finalmente, salta. Debe hacerlo. Sus hijos Bogl y Ander se miran, no saben qué está haciendo mamá, así que la siguen… en menos de 10 minutos, el frío puede con ellos y bloque sus músculos…    Maggie sigue nadando, es su vida, debe salvar su vida. El año que viene, con suerte tendrá un hijo o dos más y sobrevivirán, este año ha sido mala suerte…   se lo promete a ella misma…   ahora, debe llegar a la orilla y alimentarse. Debe ser fuerte.

El año que viene, piensa, su casa será como siempre, llegará donde siempre… y no 300 metros menos, como este año.

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Cuento corto de ficción. Autor: José Luis Gallego.

Si crees que puedes ayudar a evitar el calentamiento global, hazlo.

Si crees que no puedes hacer nada, que nada está a tu alcance para evitarlo, sólo te haré dos preguntas: ¿vas a trabajar en coche o usas el transporte público? ¿Realmente necesitas todo lo que tienes AHORA encendido en casa (y me refiero a lues y aparatos en stand-by)?

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3 comentarios en “El caso del oso polar y su increíble casa menguante

  1. Es una hermosa historia, muy bien redactada. Me ha gustado.

    Mandan huevos que después de toda la vida utilizando el transporte público me compre un coche ahora, con 32 tacos, y me vengas tu a hacer sentirme mal por conducirlo…

    Un abrazo chaval

  2. Sinseramente, me da pena que este maravilloso animal este en peligro de extingciñon, pero, ES UNA REALIDAD, y como poder, se puede intentar salvarlo, pero sería demaciado difícil que el govierno “reaccione”.

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